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lunes, 11 de abril de 2016

Don Miguel en la isla del viento


Brujuleando por Internet vi esta sorprendente foto de Miguel de Unamuno en la que aparece montado en la 'chepa' de un dromedario. Ya sabía que Unamuno había estado desterrado en Fuerteventura durante la dictadura de Primo de Rivera, pero no me podía imaginar cómo una persona que yo tenía por tan seria podría haber permitido que la fotografiasen 'de esa guisa'. Mi curiosidad me ha llevado a buscar más cosas relacionadas con ese exilio.

Miguel de Unamuno y Jugo, Bilbao 1864 - Salamanca 1936

EL DESTIERRO

Efectivamente, Miguel de Unamuno era un hombre muy serio, tirando a seco, más sarcástico que irónico, vamos, lo que ahora se diría 'bastante borde', con las ideas muy claras, que si tenía que decirle la verdad (más bien, su verdad) a alguien, se la decía, y además se regodeaba con ello. Es por eso que se granjeó muchas enemistades, sobre todo en los sectores más tradicionalistas o conservadores de la época, y especialmente con la Monarquía, con el ya citado Miguel Primo de Rivera, y también con Millán Astray. Y es por eso también, por lo que Primo de Rivera, en febrero de 1924, muy poco después de llegar al poder, le cesa como rector de la Universidad de Salamanca y le condena al destierro en un lugar (entonces) tan inhóspito como la isla canaria de Fuerteventura.

A primeros de marzo de 1924 se hizo efectivo el destierro, y llegó Unamuno a Puerto de Cabras, antiguo nombre de Puerto del Rosario, la capital administrativa de la isla, y el lugar en el que residió los 4 meses que pasó en Fuerteventura. Su primera impresión, al parecer, no fue muy agradable, y no era para menos. Tierra áspera, lejana, seca, pobre, carente de ambiente cultural, no parecía el mejor lugar para un catedrático de Griego y Filosofía que venía de una ciudad culta y monumental. Pero, por lo que se sabe de su correspondencia de aquellos días, y de los testimonios de la gente con la que trató, a los pocos días descubre que puede considerar esa estancia como un regalo: un pensador como él se da cuenta de que hay vida más allá de la ciudad y la Universidad, y que eso, más que un castigo, es una oportunidad, para contactar con la Naturaleza y con la gente, para leer, pensar y escribir, y a ello se pone. Camina, toma baños de sol, y de mar, descubre la gastronomía canaria, y sobre todo, conoce a gente, a toda la gente que puede. También impone modas: siempre descubierto, acostumbró desde entonces a los majoreros a olvidar el uso del sombrero.

Tertulia del Hotel Fuerteventura. Aquí aún llevaban sombrero.
Enseguida se forma una tertulia a la entrada del Hotel Fuerteventura, en el que residió durante su exilio, en el que eran habituales, aparte del propio Unamuno, el propietario del hotel (su 'posadero') Paco Medina, un marinero, un funcionario, el párroco y Ramón Castañeyra, que 'líderaba' del mundillo cultural de la isla,  del que acabó siendo gran amigo, y con el que siguió manteniendo correspondencia hasta su muerte. Apenas cuatro meses después de llegar, Primo de Rivera comprendió que el castigo que pretendía ser ese destierro no había sido tal, y se disponía a firmar su amnistía, pero Don Miguel, terco y consecuente, huye a Francia en barco un día antes de la firma. Comienza entonces su exilio voluntario en Francia, primero en París y luego en Hendaya, que duraría hasta finales de 1930, unos meses antes del advenimiento de la República.
Unamuno en Hendaya

FUERTEVENTURA EN SU OBRA
 
Fuerteventura dejó huella en Miguel de Unamuno. Así lo atestiguan algunos pasajes de las cartas que escribió en su destierro majorero y su exilio francés, recopiladas en 2012 por la Universidad de Salamanca en el  libro 'Cartas del destierro. Entre el odio y el amor (1924 - 1930)'. Y así lo reflejó también el escritor en su poemario 'De Fuerteventura a París. Diario de confinamiento y destierro vertidos en soneto', que dedicó a Ramón Castañeyra. En él escribió versos que describían el paisaje y el clima de la isla, también al mar, al gofio y a sus gentes, así como esta despedida, en su partida a París:
Roca sedienta al sol, Fuerteventura
tesoro de salud y de nobleza,
Dios te guarde siempre de la hartura,
pues del limpio caudal de tu pobreza
para su España celestial y pura,
te ha de sacar mi espíritu riqueza
Aquí tenéis algunos de los versos que escribió sobre Fuerteventura. Y en este otro enlace, otras cosas que escribió referidas también a la isla, fragmentos de cartas o artículos, algunas muy bellas y que muestran la nostalgia que sintió en años posteriores de esos escasos cuatro meses pasados en Fuerteventura.


LA PELÍCULA

En 2014 se rodó la película 'La Isla del Viento' (que inicialmente iba a llamarse 'Unamuno en Fuerteventura'), de la que he tomado prestado el título de esta entrada.


La película tuvo su estreno mundial en noviembre del pasado 2015 en el Festival de Cine de Mar del Plata, donde no recibió muy buenas críticas. Este mes se estrenará en España, durante el próximo Festival de Cine de Málaga, donde quizá tenga más suerte. Está dirigida por Manuel Menchón, se rodó entre Fuerteventura y Salamanca, en escenarios reales, y José Luis Gómez interpreta a Miguel de Unamuno. Narra los meses de Unamuno en Fuerteventura en retrospectiva, tras su última destitución como Rector en Salamanca y su detención, al comienzo de la Guerra Civil, y pocos meses antes de su muerte.

Escena del rodaje de la película en la Universidad de Salamanca

LA CASA MUSEO

En lo que un día fue el Hotel Fuerteventura, su lugar de residencia en el destierro, funciona desde 1995 la Casa-Museo Unamuno. El local fue adquirido en 1983 por el Cabildo de Fuerteventura, y doce años después abrió sus puertas. La rehabilitación intentó preservar el aspecto original del hotel, típica casa canaria de principios de siglo, y conserva el mobiliario que utilizó el escritor. Se exponen fotografías y objetos personales de su estancia, así como algunas de las pajaritas de papel que hizo, testimonio de su conocida afición a la papiroflexia. Las palabras de su obra se exponen en las paredes de los cuartos. También tiene un salón de actos, y es la sede de una cátedra cultural. La entrada es gratuita y hay visitas guiadas. A la entrada, puede verse una escultura de Unamuno:

Escultura de Unamuno a la entrada de su casa museo
El Cabildo de Fuerteventura también organiza desde 2015 el Premio Literario de novela corta 'Miguel de Unamuno'. Está en marcha la segunda edición, y hasta el 30 de junio está abierto el plazo de presentación de obras.


EL MONUMENTO EN MONTAÑA QUEMADA

Unamuno murió el 31 de diciembre de 1936, y como no podía ser de otra forma, renegando de todo, de la República por la que con tantas ganas luchó, por los sublevados en julio de ese año, que en un primer momento le parecieron la solución (¡otra mas!), al 'eterno problema de España' (tan típico de él y de su generación del 98), pero que resultó ser un nuevo fracaso... Está enterrado en Salamanca, pero al parecer, años atrás, confesó su deseo de ser enterrado en Montaña Quemada, antiguo volcán apagado, cerca del Tindaya, la montaña mágica de los majoreros y uno de los lugares que más le impresionó. Es ahí donde, en 1980, se levantó un monumento de 8 metros en recuerdo al escritor bilbaíno:

Monumento a Miguel de Unamuno en Montaña Quemada

sábado, 2 de abril de 2016

Diez cosas que podías ver en Madrid en 1970

Avenida de Betanzos, Barrio del Pilar, 1970
Hoy toca una de fotos en blanco y negro. Por ejemplo esta, que muestra algo parecido a una de las primeras imágenes que recuerdo de cuando llegué a Madrid. Eran finales de los 60 y principios de los 70. Casas nuevas y coches nuevos en barrios nuevos. Hacía mucho que Madrid había dejado de ser el 'poblachón manchego' del que hablaba Mesonero Romanos, y que en realidad nunca fue, pero aún guardaba ciertos 'tics' rurales que poco a poco, los años han ido diluyendo.

Las aún hoy imponentes Torres Blancas acababan de construirse, la ciudad crecía como un fresno en primavera, o un adolescente al que la ropa se le queda chica en cuestión de días. Y todo cambiaba muy, muy deprisa. Quería mostraros algunas de las cosas que yo conocí en aquellos días, objetos, lugares o antiguos oficios, que hoy, o ya no existen o están en peligro de extinción inminente.

- EL MIELERO
'El mielero de La Alcarria', fotografía de Alfonso, de 1925
- ¡Queso y miel de la Alcarria! ¡A la rica miel!

Esos eran los gritos de guerra de estos vendedores ambulantes cuando llegaban a la puerta de casa. Entonces no había 'telefonillo' en casa, y entraba cualquiera. Y, cuando mi madre le abría la puerta (las menos), ahí aparecía el mielero: con las 'cacharras' de miel en la mano, guarapolvos que un día fue blanco, alpargatas, boina o gorra, y unas grandes alforjas al hombro donde guardaba la 'romana', las cucharas, y los quesos.

La miel era exquisita, del queso no puedo decir lo mismo: nos daba a probar unas lonchitas finas, del grosor del papel de fumar, y no recuerdo que fueran nada del otro mundo: mi madre, que le abría para comprar miel, nunca le compraba queso. Venían de La Alcarria (y especialmente de Peñalver), la tierra de la mejor miel del mundo, y dejé de verles a finales de los 70. Ahora es más fácil encontrar en cualquier tienda o gran superficie miel de todas partes, y, además, no estoy seguro, pero no creo yo que la legislación actual permita la venta ambulante de miel a granel.


- LAS VAQUERÍAS
Antigua Granja Castilla, en López de Hoyos esquina a Padre Claret
Cuando hacíamos el camino de mi casa a la de mis abuelos, en el barrio de Prosperidad, siempre me llamaba la atención ver, oír y oler unos lugares en los que tenían encerradas vacas. Eran las vaquerías, que aún entonces surtían de leche fresca a los habitantes de la capital. Hoy parece hasta mentira que pudiera haberlas, incluso en los bajos de edificios residenciales. Había hasta tres en ese corto trayecto, en las calles de Malcampo, Mantuano y Gabriel Lobo.
Antigua Vaquería del Carmen, en la calle Islas Filipinas
Las vaquerías de Madrid desaparecieron de repente, de un día para otro se 'esfumaron' todas como por arte de magia. La razón de una desaparición tan drástica la he conocido ahora: se debió a la aplicación de un decreto originalmente publicado en 1961 que establecía una moratoria de 10 años para la erradicación de todas las explotaciones ganaderas del casco urbano de las poblaciones de más de 10.000 habitantes, y que definitivamente expiró en marzo de 1972. Aún quedaban en Madrid unos 200 establos con cerca de 2500 animales. Es curioso, pero cuando ahora,  45 años después, paso por la calle Malcampo esquina a Eugenio Salazar, aún me parece oír los mugidos de aquellas vacas, y ver sus siluetas por los ventanucos del sótano en el que estaban... ¡aunque ya no se trate del mismo edificio!


- LOS AGUINALDOS
Aguinaldo. Hasta la palabra ya suena 'viejuna'. Parece mentira, quién se acordará ya de esto, pero hubo un tiempo en el que, por Navidades, los servidores públicos recibían unas propinas por parte de los vecinos. Barrenderos, carteros, serenos, basureros, modistas, barberos, porteras, modistas, faroleros, repartidores, aprendices.... todos pasaban pidiendo su aguinaldo por las casas del barrio.

A cambio, el solicitante entregaba una tarjeta de agradecimiento que, además de un motivo alusivo a su profesión, contenía una coplilla en la que glosaban lo duro de su trabajo, su buena disposición para hacerlo, y, por supuesto, la felicitación navideña. De acuerdo, todos los años eran iguales y decían lo mismo, pero eran unas tarjetas muy bonitas. Otro ejemplo:

Según parece, el origen de la 'paga de Navidad' era el aguinaldo que el patrón daba a sus empleados llegadas las fiestas navideñas. En muchos países de América, este concepto sigue estando muy vivo, más que nada porque por allí, la paga de Navidad se sigue llamando aguinaldo.

Niños pidiendo el aguinaldo
En España, aparte del ya comentado de los aguinaldos 'gremiales', también había otro aguinaldo: era el que pedían los niños casa por casa, a cambio del cual, cantaban un villancico. Si algún vecino no daba un duro, la coplilla se volvía ofensiva hacia el rácano. En las ciudades, también eso prácticamente ha desaparecido (en los pueblos parece que la tradición sigue viva), no recuerdo haber ido ni una sola vez a pedir el aguinaldo, y ya tengo unos cuantos 'palos'...


- EL SERENO
- (Sonido de palmas) ¡Serenoooo!
- ¡Va!

Era el sonido de la noche en las calles de Madrid. El sereno era el encargado de cuidar que funcionase la iluminación nocturna (las farolas), de intentar cuidar el orden por las noches, así como de abrir  la puerta de los vecinos que no tuvieran la llave a mano. Por eso, una de las características de los serenos era el gran manojo de llaves que llevaban, junto con el silbato y el capote. Antiguamente, aunque yo no llegué a verlo, también llevaban un 'chuzo' (un gran palo acabado en una punta metálica, al estilo de la vara de los picadores), el de la frase 'caían chuzos de punta'. El de mi barrio era Pepiño, gallego, claro, y muy buena persona. El pobre tuvo un final bastante triste.

En 1976 desapareció el cuerpo, los serenos se integraron como vigilantes nocturnos en la Policía Municipal. Aunque hubo uno, Manuel, que por su cuenta y hasta su retiro, siguió con sus funciones de sereno en la calle Doctor Gómez Ulla, muy cerca de Manuel Becerra. Hubo un intento de recuperarlos, el alcalde Enrique Tierno reinstauró en 1986 la figura del sereno, pero no cuajó y un año después, volvieron a desaparecer, reconvertidos esta vez en agentes de la ORA.

En 2011, durante un par de semanas y patrocinado por una marca de cafés, también volvieron a patear las noches de Chamberí, con ipad y móvil en lugar de chuzo y silbato, pero más como una acción publicitaria que otra cosa.
Serenos de 1986

- LAS CARRERAS DE GALGOS
Calendario publicitario del viejo Canódromo Madrileño
En España, han cambiado los gustos en los espectáculos, ya en su momento escribí acerca de la antigua afición a la pelota en Madrid, y los frontones que hubo en la capital. Ahora quería hablar un poco de otro espectáculo deportivo de apuestas que existió y también desapareció: las carreras de galgos.

En esas fechas había dos canódromos en Madrid el de Canillejas, en la Avenida de Arccentales, en el barrio del mismo nombre, y el Canódromo Madrileño, que estaba en la Vía Carpetana, entre los barrios de Carabanchel y Latina. Nunca estuve dentro, pero sí que lo vi por fuera cuando ya estaba cerrado, y la cubierta de la grada de tribuna se veía llamativa, algo parecida a la de la recta de meta del hipódromo. Se construyó en 1960 y estuvo funcionando como canódromo hasta finales de los 80.  

En 1989 cerró definitivamente. Después se intentó reconvertir en velódromo para alimentar los ahora lejanos sueños olímpicos de Madrid, llegándose incluso a instalar una pista de maderas africanas que ahora duerme, desmontada, en algún almacén municipal: tampoco hay mucha afición al velódromo en Madrid. Pero, a diferencia del Canódromo de Canillejas, que había cerrado un par de años antes (y que en su lugar, tras su derribo y la recalificación de los terrenos, ahora existen viviendas), el Madrileño sí pudo salvarse de la ruina, sigue siendo de propiedad municipal, pero entre 2004 y 2007 se rehabilitó y desde el año 2008, se encuentra cedido para su uso como campo de fútbol al Club Deportivo Puerta Bonita.

El último canódromo que funcionó en España fue el Meridiana, en Barcelona, que cerró hace pocos años, ya en pleno siglo XXI. No queda ya aquí afición a las carreras de galgos. En otros lugares sí, y mucha: este verano, en Irlanda, pude comprobar que en muchos pueblos aún hay canódromos, al igual que infinidad de hipódromos. Alguna  vez quizá hable también del antiguo hipódromo del Paseo de la Castellana.


- LOS GITANOS DE LA CABRA

Gitano, cabra, escalera, trompeta. Esto, a los nacidos después de 1980, apenas les dirá nada. A los que nacimos unos años antes (tampoco tantos), sí nos traerá recuerdos.Ya estábamos asomados al balcón, sabíamos de antemano que iban a llegar, porque habíamos oído el sonido de la trompeta de la actuación anterior, a la vuelta de la esquina por la que poco después aparecían. Abrían la escalera, empezaban a tocar la trompeta, y el algunas ocasiones el tamboril o el organillo, y empezaba el número.

La cabra se arrimaba al primer escalón y ya sabía lo que tenía que hacer: empezar a subir los escalones. Al llegar arriba del todo, el gitano ponía un cilindro de madera, la cabra se subía en él y aguantaba un rato el equilibrio ahí arriba, mientras la musiquilla seguía sonando. Después, el gitano dejaba de tocar la trompeta, y enseñaba la gorra, para que los espectadores lanzásemos las monedas, que, o él o la familia, recogían del suelo, o de debajo de los coches aparcados. Era el número de la cabra.
El número de la cabra hoy
Aunque al parecer sigue habiendo gitanos con cabra actuando por las calles, yo hace mucho que no los veo, es por eso que he querido incluirles en esta entrada.


- DEVOLVER LOS CASCOS

Muchos menores de 30 o 35 ni siquiera sabrán qué es eso de 'devolver los cascos'. La imagen de las botellas antiguas de gaseosa son una buena pista. Los 'cascos' son (o más bien, eran) las botellas, en aquella época de cristal, que, al ir a comprar las bebidas a la tienda del Señor Paco, se devolvían vacías, a cambio de lo cual, el Señor Paco te descontaba unas pesetas del precio de las compradas. Luego, el camión las llevaba de vuelta a la fábrica, donde se reutilizaban. Era tan habitual que lo 'raro' era no llevar cascos y que te los cobrasen.

Luego vino la supuesta comodidad de los 'envases no retornables', fíjate chico, que no hace falta devolver los cascos, ¡qué cómodo!, que no hay que cargar con ellos, ¡ni se te rompen al llevarlos! Luego vino 'el reciclaje'. Que no es otra cosa  más que 'devolver los cascos' pero sin que te den nada a cambio. Y después llegó ECOEMBES, que es quien se encarga de recoger los cascos y cobrar por 'devolverlos'. Aquí hay algo que no me cuadra...

No hay duda de que el tiempo trae progresos, comodidades y mejoras en la vida diaria, pero a veces se equivoca, y para mí que 'el rollo este' es un error. De hecho, la devolución de cascos sigue vigente, aunque renovada, en lugares tan 'exóticos' como Alemania o los países nórdicos, donde se 'devuelven los cascos', aunque sean de plástico, o de aluminio (por supuesto, también de vidrio), al consumidor le descuentan su dinerillo, y los envases se mandan, no ya a reutilizar sino a reciclar.

En España, hay quien pide a gritos un sistema similar a ese, hay grupos de Facebook que tratan del tema, así como campañas de change.org, e incluso también ha habido experiencias piloto exitosas, como esta en Cadaqués. Todo muy interesante, vamos a ver si llegan a algo, aunque mucho me temo que aquí, si eso supone el fin de alguna 'mamandurria', va a resultar bastante difícil. Y si lo montan, será como 'chiringuito' de alguien... Ya veremos.


- LA CARBONERÍA
Como en el caso de los gitanos de la cabra, siguen existiendo carbonerías en Madrid, y en otros lugares. Pero son tan pocas y sobre todo, tienen tan poco futuro que he querido incluirlas en esta lista, pues antaño eran tan habituales como las vaquerías ya citadas anteriormente. El carbón era entonces el combustible más utilizado, el más barato y fácil de conseguir. Tanto las casas individuales como los edificios de viviendas o de oficinas, casi al cien por cien, contaban con una cocina y una caldera o una estufa de carbón. Y había muchas carbonerías, como una que recuerdo en la calle Juan Bautista de Toledo, y otra en García Luna. Y como 'Carbones Lorences', que aún funciona en la calle Sierpe, en La Latina, de la que se habla en este muy buen artículo.
Pero por entonces, o poco antes, empezó su declive. Primero, con el 'calor negro', casi siempre calefactores eléctricos o de aceite. La electricidad (¡qué cosas!) tampoco era muy cara, y el calor negro era más moderno, limpio y seguro. Después, llegaron las calderas de gasoil (también era relativamente barato, y en principio 'más limpio' que el carbón) y por último las de gas natural. Y las viejas calderas o estufas de carbón que no sucumbieron sustituidas por todas estas, ahora son 'alimentadas' por el carbón de las pocas carbonerías que subsisten, como esta de la calle de Embajadores, que ahora aparece con una imagen más actual, o esta otra, del barrio de Tetuán, (es la de la imagen del principio), o la citada de la calle Sierpe, que aún conservan la estética de esos años.


- EL COBRADOR DEL AUTOBÚS

Hasta mediados de los años 70 a los autobuses urbanos de la EMT, que por entonces los recuerdo de color azul como ahora, más o menos como este, y luego rojos, se accedía por la puerta trasera, mientras que se salía por la delantera, al revés que ahora. El motivo era la existencia de un cobrador, que se situaba sobre un altillo, en un rincón junto a la puerta trasera, hacia la parte delantera del autobús, así:


Al subir al autobús había que pasar por la posición del cobrador y pagar o picar el billete, que el cobrador obtenía haciendo girar a un 'maquinillo' adosado al mostrador, con un tambor del que salía el billete correspondiente. Ahora lo recuerdo como algo realmente antiguo, pero también muy entrañable. A mediados de los años 70, empezaron a sustituirse esos autobuses por otros, adaptados a lo que se llamó el 'agente único': se empezó a subir por delante, y era el propio conductor el que cobraba por el billete. Poco después apareció el popular 'bonobús', pero esa ya es otra historia. Se cuentan más cosas de la historia del autobús urbano de Madrid aquí. Y si queréis imágenes de la historia del transporte público en Madrid, aquí tenéis unas cuantas.


- LOS CINES DE LA GRAN VÍA
Cines Callao y Palacio de la Prensa
Aquí he tenido mis dudas, no sabía si poner los cines de la Gran Vía, o hablar de los cines de barrio de programa doble, casi siempre (bueno, siempre) de reestreno. Me he decidido por los de la Gran Vía porque probablemente algún día escribiré algo sobre el Covacha, que era de los segundos.

A finales del siglo XIX, Madrid ya era muy grande, y necesitaba de una calle comercial, importante, de referencia y en el centro de la ciudad o cerca de él. Hace poco más de 100 años, en 1910, comenzó la construcción de la Gran Vía. Se inauguró a mediados de los años 20: por entonces empezó el boom del cine como espectáculo popular, y la inauguración de la nueva calle propició que en muy poco tiempo, se abrieran un montón de salas de cine en ella. La época de esplendor coincidió con la del cine, los años 50 y 60: colas interminables, grandes estrellas en los estrenos...
Cine Capitol
Era increíble la cantidad de cines que había en la Gran Vía. En los años 70 comenzó el declive de los grandes cines, poco a poco fue cambiando el modelo de exhibición, pasando a los minicines y a las salas en centros comerciales, y empezaron a languidecer y después a cerrar, las grandes salas de la Gran Vía (y las de otras zonas como Bilbao o Fuencarral, y las de los barrios...). Ahora, muchos de aquellos cines son tiendas de cadenas de moda, otras son restaurantes, mientras que algunas se han reconvertido a teatros, varios de ellos de musicales, haciendo de la Gran Vía una especie de Broadway o West End 'en pequeñito'. Y algunas, afortunadamente aún resisten: es el caso de los cines Callao, Capitol y Palacio de la Prensa, todos ellos alrededor de la plaza del Callao.
El Avenida y el Palacio de la Prensa
Para el recuerdo, aquí os dejo los nombres de algunos de los que desaparecieron:

- Palacio de la Música. Una pena, está cerrado, iba a se un auditorio pero 'huele a tienda de ropa'.
- Coliseum. Ahora Teatro Coliseum, programa musicales.
- Cines Luna. Está muy bien aprovechado: teatro, restaurante, gimnasio, teatro y futuro hotel boutique.
- Cine Rex. De los últimos en cerrar, aún no han puesto la 'correspondiente tienda de ropa'.
- Avenida. Al lado del Palacio de la Música. ahora galería comercial y tienda de H&M.
- El Rialto. Ahora es el Teatro Movistar, se programan musicales.
- El cine Gran Vía. Ahora es el Teatro Compac Gran Vía.
- Cine Imperial. Reconvertido en 2002 a tienda de Sephora.
- Lope de Vega. Por lo menos es un teatro: el Teatro Lope de Vega, el de El Rey León.
- Pompeya. Pequeñito, ahora bar-teatro Senator La Chocita del Loro, de monólogos.
- Cine Azul. Ahora hay una tienda de Springfield y un restaurante TGI-Fridays.

No llegué a conocer el Cine Actualidades, junto al Palacio de la Prensa: en los años 60 lo derribaron para construir un banco, y dicen quienes lo conocieron que era un edificio precioso. Seguramente me dejo muchos más...